La Pilarica convive a diario con el gran debate sobre su futuro urbanístico. Sin embargo, para los vecinos que habitan sus aceras, el aislamiento real no se mide solo en planos ferroviarios, sino en la distancia al centro de salud, el abandono de la limpieza en el río o la falta de espacios de encuentro. Frente a la desconexión generacional, los residentes más jóvenes empiezan a plantear la necesidad de organizarse para cuidar de un barrio que envejece.

Paso peatonal en la Plaza Rafael Cano

Caminar hoy por La Pilarica es transitar por un barrio lleno de contrastes. En la Plaza Rafael Cano, el paso peatonal que sustituyó al antiguo paso a nivel se ha convertido en un punto de encuentro habitual. Tiene rampas, bancos donde los vecinos charlan a la sombra y un ascensor que facilita el tránsito diario. Para los jóvenes y las familias que se mudan a la zona, estos pasos supusieron un cambio positivo en cuanto a seguridad y comodidad. Sin embargo, a unos metros de allí, la realidad se vuelve más compleja cuando se escucha a quienes llevan toda la vida sosteniendo el barrio.

Para las vecinas que nacieron aquí en los años treinta y cuarenta, la geografía cotidiana se ha vuelto cuesta arriba. No es un rechazo a la modernidad; es una cuestión de movilidad de los cuerpos. “Me siento más aislada desde que quitaron el paso de la vía”, explica una vecina nacida en el barrio en 1940. Para ella, tener que bajar y subir, o depender de la disponibilidad de un ascensor para realizar tareas tan cotidianas como la compra, se ha convertido “en un mundo”.

Pero el verdadero problema de este aislamiento no es solo el obstáculo físico del desnivel; es el destino del viaje. Las vecinas señalan que la progresiva pérdida de servicios de proximidad en sus calles las obliga a desplazarse cada vez más lejos. El centro de salud de referencia (Pilarica-Circular, en Doctor Montero) queda a una distancia difícil de asumir para quienes tienen peor movilidad. A esto se suma el cierre paulatino de locales comerciales que antes daban vida a las calles del barrio, como el emblemático bar QB en la Plaza Ventura Alonso, que cerró sus puertas en 2017 y que muchos aún recuerdan como un punto clave de reunión vecinal.

Esta falta de dotaciones básicas se extiende también a la movilidad peatonal del día a día. Un ejemplo histórico es la acera de la calle Salud, que continúa bloqueada. Desde la Asociación de Vecinos Pilarica señalan que, aunque parte de la solución depende de ADIF, esto “no puede servir como excusa para la inacción” y reclaman “coordinación y voluntad política entre administraciones” para resolverlo.

El proyecto de la calle Salud era uno de los que ya estaba financiado y planificado por el convenio de integración de 2017 que firmaron todas las administraciones. El 10 de octubre de 2024 (página 5 del PDF) ADIF recordaba al ayuntamiento que estaba incumpliendo con la terminación los trámites administrativos del proyecto de urbanización, dándole un plazo de un mes para hacerlo, algo que el Ayuntamiento no realizó. Este, junto con otros incumplimientos del convenio, desembocó en la resolución del mismo, dejando todas estas actuaciones paralizadas.

Render del proyecto de reurbanización de la Calle Salud en el convenio de integración ferroviaria 2017

Para la asociación vecinal, el tema de la calle Salud se suma a otras intervenciones recientes en la ciudad que consideran que aumentan la brecha física, como el proyecto para el túnel del apeadero universitario, el cual se pretende zanjar con una rampa en forma de “U” en lugar de corregir lo que califican como un “error histórico” de diseño. Una reclamación que varias asociaciones enviaron a finales de 2025 y que no ha tenido respuesta.

La Esgueva y el entorno escolar: urgencias a ras de suelo

Mientras los debates sobre las grandes infraestructuras ferroviarias monopolizan la atención política, los problemas a ras de suelo se acumulan en el día a día. Desde la Asociación de Vecinos Pilarica el diagnóstico es rotundo: existe un “déficit sostenido de mantenimiento” en calles y zonas verdes del barrio. Para la asociación, no se trata de incidencias puntuales, sino de una situación prolongada que afecta a espacios como la Plaza de la Lonja, la Plaza Rafael Cano o el Parque Madre Amadora, donde denuncian de forma constante elementos de juego deteriorados y “aceras levantadas que suponen un riesgo” para los viandantes. Esta dejadez, explican desde la asociación, alimenta una “sensación creciente de abandono institucional y trato desigual” en comparación con el mantenimiento que presentan otros barrios de la ciudad.

Uno de los ejemplos más claros de esta situación es el estado de conservación de la Esgueva. Concebido en su día como un paseo verde para el disfrute familiar, los vecinos denuncian un mantenimiento muy desigual. Una vecina nacida en el barrio en los años 80 señala una contradicción que se percibe a simple vista: "Hicieron un paseo muy bonito para tenerlo abandonado de la vía hacia nuestro barrio. La limpieza del cauce se hace en el primer tramo, pero de la vía hacia el Paseo del Cauce, en dirección a Renedo, está totalmente descuidado".

Esta acumulación de maleza y vegetación asalvajada no es solo un problema estético; atrae insectos, malos olores y plagas de roedores. Diego, vecino del barrio, relata un episodio gráfico: "El año pasado se me coló una rata en casa, y vivo en un segundo piso. Tuvimos que poner mosquiteras en todas las ventanas". Ante las quejas enviadas por canales municipales o aplicaciones oficiales, la respuesta suele ser el silencio administrativo o la justificación de que las normativas medioambientales impiden realizar desbroces profundos en el cauce.

Estado de la falta de mantenimiento de la Esgueva

Sin embargo, la responsabilidad sobre el estado de este tramo urbano está muy clara sobre el papel. La jurisprudencia del Tribunal Supremo dictamina de forma firme que la limpieza ordinaria de los ríos a su paso por los cascos urbanos es una competencia exclusiva de los Ayuntamientos, y no de las confederaciones hidrográficas. A pesar de ello, el mantenimiento de este cauce ha sido motivo de constante disputa política. A finales de 2024, la oposición municipal reclamó formalmente una intervención urgente por razones de salubridad ante el volumen de quejas ciudadanas. Más recientemente, la polémica ha girado en torno a cómo financiar estos trabajos, tras las críticas al equipo de gobierno por intentar costear las obras de restauración ambiental de la Esgueva detrayendo fondos de la empresa pública de agua, Aquavall, en lugar de asumirlos directamente con el presupuesto general del consistorio.

Otro de los focos de preocupación diaria se sitúa en los accesos al CEIP Miguel Hernández. Aunque el centro educativo se encuentra físicamente en el colindante barrio de Los Pajarillos, muy cerca de la zona del 29 de Octubre, un área que quedó a medio rehabilitar en la anterior legislatura y que así continúa, su entorno es una zona de tránsito y preocupación compartida por las familias de Pilarica. Desde la Asociación de Vecinos Pilarica reconocen que este punto, junto con la cercana Plaza del Encuentro de los Pueblos, ha sido históricamente una zona de venta de drogas al por menor. Aunque constatan que la policía tiene últimamente “más celo en la vigilancia” de estos espacios, coinciden con las familias en que el entorno escolar dista mucho de estar en las condiciones óptimas y seguras que todos desearían.

Hojas acumuladas sin recoger en las calles del barrio

El reto del relevo y la cohesión social

Tradicionalmente, La Pilarica ha sido un barrio combativo y con una identidad muy marcada, fuertemente vinculada a sus tradiciones culturales y folclóricas. Como ocurre en muchos barrios con tanta solera, compaginar el peso de las grandes batallas históricas con las nuevas sensibilidades vecinales es uno de los grandes retos de futuro. En este escenario, la Asociación de Vecinos Pilarica mantiene como una de sus banderas principales el soterramiento ferroviario, una reivindicación defendida con firmeza por la directiva de la entidad desde hace décadas.

No obstante, en las calles de La Pilarica conviven hoy distintas visiones: mientras que para el sector histórico de la asociación este gran proyecto sigue siendo clave para que el barrio no quede “encajonado”, una parte significativa del vecindario (que en zonas como Pajarillos y Pilarica alcanza el 58% según sondeos de GAD3 para El Norte de Castilla) prefiere priorizar la consolidación y agilización de las obras de integración en superficie ya existentes para poder centrar los esfuerzos en solucionar las carencias del día a día.

Para la asociación, ambas dimensiones, las grandes demandas estructurales y las deficiencias cotidianas, son inseparables y complementarias. De hecho, en declaraciones a este medio, la AAVV comparte el diagnóstico vecinal de que existe un “déficit sostenido de mantenimiento” y detalla que exigen de forma constante equipamientos muy demandados por los propios jóvenes y mayores, como un nuevo consultorio médico, un centro de día o espacios culturales y deportivos. Sin embargo, a pie de calle, la inmensa carga mediática y política que rodea a la cuestión de las vías a menudo hace que estas pequeñas gestiones diarias queden en un segundo plano en la percepción vecinal, generando una sensación de desconexión entre la agenda pública y el portal.

A veces, la inercia de las estructuras tradicionales, aunque fundamentales para sostener el tejido social del barrio durante décadas, puede resultar difícil de transitar para quienes se acercan por primera vez con otras inquietudes cotidianas. “Hace unos años pensé en arrimar el hombro en la asociación”, comenta Diego, “pero cuando ves dinámicas tan asentadas y con tanta trayectoria, es normal que dé cierto reparo entrar uno solo a proponer cosas diferentes”. La juventud del barrio, que a menudo opta por trasladarse a la zona de Santos Pilarica por la falta de vivienda adaptada y accesible en el barrio histórico, busca también canales más ágiles y directos para abordar sus necesidades.

Mural del 50 aniversario de la Asociación de Vecinos Pilarica - Diego CC BY-SA 4.0

Ante esta situación, el verdadero reto para el futuro de La Pilarica no pasa por la confrontación, sino por sumar fuerzas y reconstruir el tejido comunitario desde la colaboración y la complementariedad. Sin necesidad de enfrentarse a las estructuras existentes, las nuevas generaciones tienen la oportunidad de aportar su empuje tejiendo redes de apoyo informales y cooperativas utilizando las herramientas de comunicación actuales. Canales de chat o foros para organizar compras conjuntas, grupos de apoyo mutuo para los vecinos más mayores, redes de alerta para reportar incidencias de limpieza o iniciativas para dinamizar los parques son formas de participación que pueden convivir y enriquecer la andadura del barrio, logrando que ninguna voz quede fuera.

Es en esa búsqueda de soluciones prácticas y diarias donde el diálogo y el entendimiento mutuo se vuelven esenciales. En su escrito, la propia asociación hace un llamamiento directo que apela a todo el vecindario: “Es momento de dejar la bronca política y pensar en la ciudad”, reclaman, exigiendo a los responsables políticos de todo signo que sean capaces de “apartar la confrontación partidista y trabajar juntos por el bien común” para que el barrio no sea rehén de desacuerdos ajenos. Esta petición de consensos y de priorizar a las personas por encima de las siglas conecta de lleno con el deseo de los vecinos de centrar los esfuerzos en el bienestar de su entorno inmediato.

Al final, cuando se apagan las luces de las campañas electorales y los representantes políticos de distintas siglas terminan sus visitas al barrio para hacerse la foto de rigor, la realidad de La Pilarica sigue siendo la misma. Las promesas de grandes transformaciones a décadas vista no barren las hojas que obstruyen los desagües, no acercan la consulta del médico a quien apenas puede caminar, ni evitan que una rata suba a un segundo piso. Cuidar de La Pilarica, tal y como demandan sus vecinos, empieza por atender lo que ocurre hoy mismo a pie de calle.