El Ayuntamiento de Valladolid decidió que el punto de lectura de Barrio España no era “rentable”. Éramos pocos usuarios, decían, y no compensaba pagar un sueldo público para atender a media docena de niños.
No teníamos libros, ni estanterías, ni presupuesto. Lo único que conseguimos fue que nos cedieran en abril de 2013 una sala en el Centro de Iniciativas Ciudadanas (en la calle Serranía de Ronda 27). Así que empezamos a dejar cajas de fruta con nuestro logo por las barras de los bares y comercios para que la gente depositara allí lo que quisiera donar. En siete meses reunimos 4500 ejemplares. Así, a base de voluntad, nació Entrelíneas . Hoy calculamos que por nuestras manos han pasado ya más de 55 mil volúmenes.
La filosofía de la cultura que “rula”
Si vienes por aquí, verás que rompemos los esquemas de cualquier biblioteca al uso. No hay carnés, no hay multas y, curiosamente, preferimos que no devuelvas lo que te llevas.
Nuestra filosofía es la del libro libre. Si te llevas una novela a casa, nosotros solo anotamos el préstamo en una ficha, pero el trato es que cuando te la termines se la des a un primo, a un vecino o a un amigo. El objetivo es que la cultura no se quede quieta acumulando polvo en una estantería. Queremos que el libro siga rulando. Solo si no encuentras a nadie te pedimos que lo traigas de vuelta para que empiece otra vez el ciclo.
El “horario de los abuelos”
Eso sí, tenemos una regla de oro que explica muy bien la realidad social de nuestro barrio. Abrimos de lunes a viernes, de 17:30 a 19:30 , pero solo cuando hay colegio.
La razón es pura conciliación vecinal. Entrelíneas se gestiona en su totalidad por voluntarios, y la inmensa mayoría somos abuelos o jubilados. Ya se sabe cómo están las cosas: cuando los niños tienen vacaciones, los abuelos tenemos “trabajo” en casa cuidando de los nietos. Si no hay cole, no podemos venir, así que la biblioteca cierra. Es la vida real la que marca nuestros horarios.
La poesía en el río y el comercio local
Con el tiempo, el proyecto ha desbordado las cuatro paredes del local. Cada mes de mayo sacamos la poesía a la calle llenando las orillas del río Esgueva con más de 150 láminas de poemas y dibujos hechos por los niños de los colegios cercanos.
También organizamos concursos de relatos. Los ganadores se llevan lotes de libros y cheques para material escolar, pero ponemos una condición innegociable: el dinero se gasta en una librería de La Rondilla . En Barrio España nos quedamos sin librerías hace tiempo, y tenemos clarísimo que no queremos que los chavales vayan a comprar a las grandes superficies. El barrio también se hace apoyando al comercio vecino.
Puertas abiertas
Somos muy conscientes de que nuestro local es municipal, y por tanto, pertenece a la gente. Cuando nosotros apagamos la luz a las siete y media de la tarde, el espacio sigue vivo. Por allí entran grupos de teatro, músicos o universitarios que necesitan reunirse para hacer su TFG. Y cuando podemos, somos nosotros los que salimos: a “liberar” cajas de libros en Fuente Dorada, al bookcrossing de la Peña Los Comuneros, a la campa de Villalar o a regalárselos a los moteros de Pingüinos.
Lo que empezó con unas cajas de fruta vacías es hoy un pulmón cultural de la ciudad. A veces, cuando las instituciones dan un paso atrás, al barrio no le queda otra que organizarse para que los libros, al menos aquí, nunca dejen de rular.
Para más información podéis acceder a nuestra web o canal de Whatsapp.
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