Su próximo empeño: que la música en directo vuelva a sonar en la Pérgola del Campo Grande el próximo 20 de junio.


Juan dice que para el baloncesto tiene el ojo de Thom Yorke y para la música la muñeca de Víctor Sada. Es una forma humilde de explicar cómo se divide el tiempo de alguien que lleva dos décadas sosteniendo uno de los pilares de la cultura independiente en Valladolid: el Colectivo Laika.

Hablamos con él sobre la “burocracia del ruido”, los grupos que se pierden por el camino y esa cabezonería necesaria para seguir montando conciertos en una ciudad que, a veces, parece preferir el éxito de masas antes que la apuesta por lo nuevo.

El Colectivo Laika cumple 20 años de resistencia cultural en Valladolid (Nueva imagen a cargo de @unbuentipo)

Baloncesto, críticas y carga y descarga

Entrenas a benjamines y “fichas” bandas. ¿Se comparten instintos en ambos mundos?

Diría que para el baloncesto tengo el ojo de Thom Yorke y para la música la muñeca de Víctor Sada. Son cosas distintas, aunque disfruto mucho de ambas. Entreno minibasket a benjamines en una escuela y, quizás, lo más extremo que he hecho en estos años haya sido birlar a dos prebenjamines porque andábamos cortos de efectivos para los partidos. A su primer entrenamiento fueron con sus madres y se pasaron un rato largo llorando, pero ahora aportan un montón y disfrutan mucho jugando.

En el caso de Laika, ningún artista nos ha venido llorando ni escoltado por su madre, pero también hay una labor de equipo. En la escuela, si un día me creo Popovic, siempre viene a bajarme los humos el responsable que me aprieta con los entrenamientos. En Laika, si me vengo arriba queriendo traer alguna cosa fuera de lo común, nuestro tesorero asume ese papel de abogado del diablo y lo reduce todo a los números, aunque intentamos llegar a un punto intermedio.

Pasaste años analizando discos en Muzikalia. ¿Es más fácil ser crítico que promotor?

El Juan que monta conciertos le diría al Juan que escribía críticas que se dedicara a otra cosa. Cuadrar presupuestos y tener financiación es bastante más difícil que ser un flipado creyéndose un redactor de la revista Wire. Pero la experiencia como “promotor” es bastante más enriquecedora que escuchar un disco las veces que sean. Ver, por ejemplo, a Phil Selway (Radiohead) actuando en el Espacio Joven quizás supere escuchar la discografía completa de Radiohead. Puedes leer lo que escribía ese Juan en su etapa de redactor en Muzikalia.

El mapa de una ciudad que se vuelve “gris”

En 20 años el mapa físico de Valladolid ha cambiado radicalmente. ¿Es hoy una ciudad más aséptica?

Tengo la sensación de que cuando empezamos era todo bastante más gris, pero pronto hubo una eclosión de proyectos como Reducto Sónico, el Open Mic que hacía Vielba en Borsalino, La Base Mágica, Cuadrilátero Cultural o el Espacio Joven Sur, que reforzaron lo que ya existía.

Se han perdido cosas, pero han ido surgiendo otras iniciativas como Mimosos, Pólvora, Insurgents Collective o espacios que también tienen sus proyectos como Bicoca Records o Bizarro. Eso sí, se echan en falta programaciones como las del Café España o propuestas institucionales más arriesgadas como las que hacía Ambigú, del que no ha habido relevo.

El grupo Nation of Language durante una de las citas internacionales organizadas por Laika en Valladolid (Foto de José Luis Useros)

¿Cómo se cuida a una banda de fuera para que se vaya hablando bien de Valladolid?

El año pasado una banda de Madrid vino a tocar y me pareció extremadamente frío cómo los trataron en otro sitio: tenían la sala, el hotel y la cena, pero no había nadie de la organización en ese concierto. Siempre hemos entendido que organizar conciertos es algo más: conocer otras experiencias de esas personas que tienen vidas distintas a las nuestras.

Si el artista quiere ver la Casa de Cervantes (como Cass McCombs) o cenar en sitios como La Cárcava por sus opciones vegetarianas, allí estamos. Antaño solíamos acabar en La Piedra y ahora, después de algún concierto, acabamos en el Nuberu, aunque hay que advertir con humor que Juanjo (bajista frustrado y dueño del bar) no es tan amable y tenemos que andar vigilando para que no eche lejía en las consumiciones de los músicos.

La política de los “vendedores de crecepelo”

Habéis agitado Valladolid bajo gobiernos de todos los colores. ¿Ha habido alguna “alfombra roja” para la cultura independiente?

Ha dependido más de personas que de siglas y, aunque siempre ha habido tiras y aflojas, el balance es positivo. Pasamos de que se reconociera el festival Véral en tiempos de Mercedes Cantalapiedra, a que se escucharan nuestras sugerencias para actuaciones en la Plaza Mayor con Óscar Puente. Ahí estuvieron Los Planetas, C. Tangana, Bad Gyal o Amaia. Para este año han vuelto a escuchar, así que estamos satisfechos. Pero los conciertos de fiestas son fogonazos. Lo más importante sería tener una sala donde se pudieran hacer conciertos en mejores condiciones y pudiendo trabajar con más antelación.

¿Sentís que hoy la cultura de base se ve como un valor a proteger o como un “problema” de orden público?

A nivel institucional, me parece que hay una cierta indiferencia. La cultura de base siempre ha encontrado resquicios para salir adelante. Hubo una época en la que alguien se dedicó a denunciar a salas de conciertos y generó bastante paranoia; llegamos a hacer conciertos invisibles en sitios secretos. Incluso hoy hay locales que organizan eventos en un cierto limbo legal, no por miedo sino por filosofía propia o porque supone menos riesgo hacer una taquilla inversa en una charcutería que buscar una sala y pagar alquiler y cachés.

¿Hay una obsesión por llenar la Plaza Mayor a cualquier precio?

Hay más obsesión por llenar que por ofrecer calidad, que es lo que deberían hacer las instituciones públicas. Esa presión favorece que aparezcan los “vendedores de crecepelo” para decir que aseguran llenos con artistas que resultan ser carísimos y, a veces, ni llenan. Con C. Tangana o Bad Gyal se abrió camino para que vinieran otro tipo de artistas, y sus cachés me parece que fueron bastante razonables.

¿Os sentís arrinconados por nuevas apuestas con más respaldo político?

El problema es que este “bienvenidomrmarshallismo”, unido al cortoplacismo de lo político, lleva a hacer proyectos sin mucho sentido, que tienen alto coste y dudosos resultados. No tenemos nada en contra de que venga alguien de fuera, pero el paso previo debería ser tener una idea de hacia dónde quiere ir la ciudad, idealmente sin que estuviera circunscrito a legislaturas.

Nosotros tenemos apoyo público vía subvenciones y un convenio, aunque éste ha menguado. Hemos reclamado poder trabajar en un convenio a varios años para poder programar con más holgura y no dedicar tanto tiempo al tira y afloja administrativo de cada año. No lo hemos conseguido en estos veinte años.

¿En qué se traduce esa falta de margen de tiempo?

La industria musical se ha reajustado y ahora se trabaja a mucho más largo plazo. Artistas no muy grandes trabajan a dos años vista. Si nuestro margen de maniobra para programar se reduce a seis o tres meses, tendremos menos opciones, probablemente más caras, y mucho menos tiempo para comunicar bien. Teníamos un par de bandas claras para el próximo Tónal y el hecho de que las fechas se hayan concretado a finales de abril y no en enero, ha hecho que una de ellas ya no esté disponible. Quizás el año que viene ya no sea una propuesta tan “fresca” o ya no encaje en el presupuesto.

El regreso al corazón del parque

Muchos recordamos con nostalgia los conciertos en la Pérgola del Campo Grande. Ahora volvéis a colaborar allí con el cocinero Dámaso. ¿Qué significa recuperar ese escenario?

No se nos ocurre otro espacio mejor que la Pérgola para conciertos al aire libre. Si nada se tuerce, repetiremos el festival Véral allí el 20 de junio. Con Dámaso hemos congeniado muy bien y tiene una idea muy clara: propone una programación musical diferente a lo que ya existe y que sea gratuita para el público. Hubo un proyecto original de once conciertos, pero no parece que vaya a salir completo porque, por ahora, no hay un respaldo institucional claro. Hay buenas palabras, pero nada concreto y las semanas pasan. Intentaremos salvar cinco conciertos este año y que sea el inicio de algo.

El grupo BCUC durante el Veral 2025 organizado por Laika en Valladolid (Foto de José Luis Useros)

¿Ves relevo generacional en las salas o nos estamos haciendo mayores los mismos de siempre?

Depende del concierto, pero tengo dudas de cómo consume música la gente más joven y si tienen curiosidad por ver la propuesta en directo. Pero siempre habrá alguien que apueste por lo raro. AstromonaFest llevó hace años a Rigoberta Bandini cuando empezaba, o Tutti Frutti trajo a Barry B antes de que explotara. Seguro que hay cosas de las que ni nos hemos enterado aún.

Si mañana desapareciera Laika… ¿qué trozo de Valladolid se quedaría huérfano?

No pensamos que quedara nada huérfano, sinceramente. Igual a algunas personas les daría lástima, pero seguro que surgirían nuevas propuestas. Afortunadamente, el momento actual del colectivo es uno de los mejores, con las cuentas equilibradas, todos trabajando por el bien común y con socios que proponen, aportan y ayudan. Es esa inercia la que nos lleva a seguir.