El “superávit” del que habla el relato oficial se explica por los 27 millones en inversiones que se quedaron sin hacer y por el gasto del 70% de los ahorros de la “hucha” municipal.

Cuando escuchamos que el Ayuntamiento tiene “superávit”, solemos pensar que las cosas van bien. Pero en la gestión pública, que sobre dinero a veces significa simplemente que no se ha gastado en lo prometido. Analizamos la última liquidación de cuentas para entender por qué Valladolid tiene menos ahorros y más facturas pendientes que hace un año, y cómo eso frena las mejoras en los barrios.

Lo que te cuentan, y lo que los datos esconden

La gestión: ¿Dinero extra o dinero no gastado?

Gestionar un Ayuntamiento es, en el fondo, como gestionar la economía de una casa. Si en una familia se decide no arreglar una gotera que cuesta 3000 euros, al final de mes parecerá que “sobra” ese dinero en la cuenta, pero la gotera sigue ahí y el problema empeorará.

Algo parecido reflejan los datos oficiales de 2025 extraídos del portal de transparencia municipal.

El “truco” del superávit

Aunque el mensaje oficial destaca el saldo positivo, los números reales de la liquidación (según el documento oficial de 2025) dicen que el Ayuntamiento ingresó 361.5 millones de euros y gastó 371.2 millones . Hubo un desfase real de 9.7 millones de euros que se cubrió tirando de la hucha de ahorros.

¿Por qué entonces se habla de que sobra dinero? Principalmente porque de los 88 millones de euros presupuestados para inversiones reales (obras en calles, edificios o parques), solo se ejecutaron 61 millones. Hay 27 millones de euros que estaban destinados a mejorar la ciudad y que se han quedado sin usar (según el informe oficial del interventor).

Un 30% del presupuesto en inversiones de 2025 quedó sin ejecutarse

La hucha de los ahorros se agota

Valladolid ha podido cubrir su déficit estos años porque heredó un colchón importante de ahorros (remanentes). Pero ese colchón se está consumiendo a gran velocidad. Al inicio del actual mandato, la ciudad disponía de 51 millones de euros para gastos generales; hoy, esa cifra ha caído hasta los 15 millones . En resumen: La ciudad ha gastado el 70% de sus ahorros en apenas tres años.

36 millones de los ahorros gastados en menos de 3 años

Las facturas que esperan en el cajón

Otro indicador clave es el dinero que se debe a las empresas y autónomos que prestan servicios a la ciudad (limpieza, mantenimiento, pequeñas obras). Es normal que al cierre de cada año queden facturas pendientes de pago, pero la cifra ha crecido de forma notable.

Si al cierre de 2024 la deuda con proveedores era de 35.7 millones de euros , al terminar 2025 ha saltado hasta los 50.3 millones . Son casi 15 millones de euros más en facturas esperando turno en el cajón respecto al año anterior.

Rendición de cuentas

La consecuencia de estas cifras no es abstracta, se ve cada vez que un proyecto votado por los vecinos se queda en pausa. Actualmente, se estima que hay 110 proyectos de los Presupuestos Participativos aprobados por los vecinos parados por falta de ejecución.

Barrios como La Rondilla son el ejemplo más claro: la reparación de la Escalera Imperial del Parque Ribera de Castilla (valorada en 118 mil €) o la finalización de la Plaza Alberto Fernández son algunas de las muchas reclamaciones de las asociaciones vecinales con compromisos que no terminan de arrancar. Y seguramente quien nos esté leyendo tiene otros ejemplos en su propio barrio que parecen llevar congelados años.

Lo que te cuentan, y el por qué tu barrio no tiene mejoras

La verdadera salud financiera de un Ayuntamiento no se mide solo en el balance de un banco, sino en el estado de sus barrios. Los Presupuestos Participativos no son solo dinero; son promesas y votos. Cuando se deja de ejecutar el 30% de la inversión y los ahorros bajan mientras las deudas suben, la capacidad de la ciudad para mejorar el día a día de sus vecinos se resiente.

¿Por qué no se está invirtiendo en lo que realmente necesitan los vecinos? ¿En qué se gastan nuestros crecientes impuestos municipales?

Un superávit conseguido a base de no hacer las obras que los vecinos necesitan es, en realidad, un déficit de atención a los barrios. Al final, gestionar no es solo que los números luzcan bien en un titular, sino que las soluciones lleguen a cada portal.