Mientras los vecinos sienten que han perdido el patrullaje de proximidad, los datos revelan un modelo sostenido sobre una plantilla estirada al límite para poder cubrir el intenso calendario del centro.

Pregunte en su barrio cuándo fue la última vez que vio a una pareja de la Policía Municipal caminando por la acera. Para la inmensa mayoría de los vecinos de Valladolid, esa imagen es un recuerdo. Hoy, es a veces un destello azul que pasa rápido por la carretera de camino a un aviso.

La desaparición de la patrulla a pie no es una sensación subjetiva, es la consecuencia matemática de un modelo de gestión y de un presupuesto estirado al máximo. Valladolid cerró el año 2025 gastando 905.548,76 euros en horas extraordinarias de su plantilla policial. Según los documentos de fiscalización interna (Expediente OP 2025/30), el Consistorio sigue atascado en el pago por evento para tapar los agujeros de personal. Ese millón de euros equivale a pagar el sueldo y la Seguridad Social de 20 agentes fijos durante todo un año.

Desmontando el mito: los barrios no se quedan vacíos

Cuando hay un gran evento en el centro, la queja en barrios como Delicias, Pajarillos o La Rondilla suele ser inmediata: “Se llevan a nuestros policías” . Sin embargo, fuentes del cuerpo consultadas por este medio desmienten ese mito vecinal.

El servicio ordinario motorizado de los barrios no se recorta para cubrir un partido de fútbol o los Premios Goya. La periferia no queda descubierta. ¿Cómo se blinda entonces el centro? A base de policías que están en su día libre. El Ayuntamiento hace frente al intenso calendario de Valladolid recurriendo a los descansos de la plantilla, que asume dispositivos extraordinarios, a menudo sobredimensionados por precaución técnica, para que la ciudad no se pare.

Si los coches patrulla siguen en el barrio, ¿por qué el vecino se siente desatendido? Porque lo que ha desaparecido es el patrullaje a pie. La sangría comenzó en 2019 con una oleada de jubilaciones anticipadas. Antes, Valladolid contaba con unos 80 agentes destinados a caminar las calles de lunes a viernes; hoy apenas quedan 56. El coche patrulla es funcional y rápido para una emergencia, pero elimina la prevención, el conocimiento del tendero y esa “seguridad psicológica” de ver al agente pisar tu misma plaza.

Frente a la nostalgia vecinal, la perspectiva policial es muy distinta. Desde el sindicato CSIF advierten a La Otra Pucela que un patrullaje exclusivamente a pie “no es para nada óptimo”. Desde dentro del cuerpo recuerdan que la movilidad del vehículo es la única garantía para que la respuesta a un aviso sea rápida y para asegurar la propia integridad de los agentes. La seguridad psicológica del paseo choca de frente con la seguridad operativa: sin coches, la capacidad de intervención ante un suceso grave queda, según los trabajadores, completamente limitada.

Plazas en el cajón y el coste de la hora extra

Si el presupuesto permite gastar casi un millón de euros en extras y la ley autoriza actualmente una tasa de reposición del 125%, ¿por qué no se contrata con agilidad a los agentes que faltan? La respuesta mezcla cuellos de botella administrativos y decisiones económicas.

Por un lado, el historial de retrasos es crónico. En 2023, la convocatoria de 38 plazas diseñada por el anterior equipo de gobierno quedó “en un cajón” tras el cambio de corporación, paralizando el refuerzo durante un año vital. En 2025, el Ayuntamiento ha optado por una reestructuración administrativa: suprimir sobre el papel 26 vacantes de lunes a viernes para transformarlas en plazas de turnos rotatorios. Un movimiento de despachos que no soluciona el déficit real de casi 86 agentes en la calle. Un problema de personal que, advierten los sindicatos, no es exclusivo de la Policía, sino que afecta también a servicios como limpieza o acción social.

Por otro lado, la economía manda. Al Ayuntamiento le resulta financieramente más rentable abonar horas extra que asumir el coste estructural de nuevos agentes de plantilla. Es un sistema de pago por evento que llegó a colapsar, obligando a implantar nuevas aplicaciones de control contable tras acumularse retrasos en las nóminas. Unos impagos que generaron visiones encontradas dentro de la propia plantilla: mientras unos sindicatos denunciaban deudas de hasta 400.000 euros, otros como CSIF matizan que no hubo una demora tan significativa, sino “retrasos puntuales”. Lo que sí reconocen todas las partes es que la nueva fiscalización ha logrado reducir el volumen de extras, pero sin solucionar el problema de fondo: la falta evidente de efectivos ordinarios para cubrir, sobre todo, las noches y los fines de semana.

Documento de la comisión de hacienda sobre las horas extra

Entre el sobresueldo voluntario y el cansancio forzoso

Esta dependencia de la hora extra tiene una intrahistoria en las comisarías. Hoy en día, la inmensa mayoría de estos servicios se cubren de forma voluntaria. Para muchos agentes, es una vía necesaria para completar su salario.

Pero el sistema es frágil. Cuando el voluntarismo no basta para cubrir la incesante agenda de la ciudad, llegan las supresiones forzosas de descansos. Dispositivos masivos como los 300 agentes para los Goya (Newtral), los 541 efectivos para Pingüinos (Ayuntamiento) o el despliegue de la Vuelta Ciclista, han provocado fuertes protestas sindicales exigiendo conciliación.

La plantilla sigue reclamando una planificación que permita mejorar los descansos en los calendarios de trabajo y la aplicación de coeficientes reductores por el trabajo nocturno para equipararse a otros cuerpos policiales.

Reflexión: ¿Qué modelo de seguridad queremos?

Estos datos nos obligan a hacernos una pregunta como ciudad. Quien defiende el orden y el respeto a las fuerzas de seguridad debería alarmarse por la sobrecarga de los agentes; quien prioriza la convivencia vecinal y los servicios públicos, debería preocuparse por la pérdida de cercanía en los barrios.

Valladolid se ha acostumbrado a vivir al límite. Tenemos un calendario de macroeventos propio de una gran capital, pero sostenido por una plantilla de barrio anclada en los recortes de 2019. El modelo actual transforma a la Policía Municipal en una fuerza de reacción: agentes que asumen niveles de estrés altísimos para apagar fuegos o vigilar vallas en sus días libres, pero que carecen de los medios humanos para prevenir los problemas paseando por su barrio.

El millón de euros en horas extra no es una inversión en prevención; es el recurso de emergencia que usa el Ayuntamiento para que la imagen de la ciudad funcione los fines de semana. Mientras normalicemos que la seguridad se resuelve parcheando con dinero lo que debería solucionarse contratando, el vecino seguirá asumiendo una pérdida silenciosa: la de mirar por la ventana y, en lugar de a un policía saludando, ver únicamente la luz de un coche a toda velocidad.


Nota: Nos pusimos en contacto con el Gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Valladolid para recabar su valoración oficial sobre este modelo de gestión. Al cierre de esta edición, aún no se obtenido respuesta.